Inspiro y me doy cuenta como el aire que me rodea va entrando a mi cuerpo, entra hasta mis pulmones y desde ahí pasa a formar parte de mi ser. Expiro y boto hacia afuera, una parte de mi, una parte de ese aire que antes estaba dentro mío.Inspiro y de pronto me encuentro con todos aquellos que ya no están, que hoy son parte del aire, que a ratos son parte mía también. Expiro y una puerta enorme a un espacio desconocido se abre, ese espacio que algún día todos habitaremos, pero que mientras vivamos es un enigma. Es como una puerta gigante luminosa, que se abre y se cierra muy rápidamente, es como un destello de luz que cuando expiro intento atrapar, fotografiar con mis ojos curiosos....pero es tan fugaz que apenas alcanzo a divisar muy poco de eso que hay ahí, y deseosa de ver más, vuelvo a inspirar.
Cuando inspiro todos somos iguales, todos somos aire, no hay cuerpos, somos todos una gran masa de aliento. Ese aire que un día fuí yo, hoy lo inspira otro, hoy es otro yo.
Cuando inspiro me siento tranquila, cómoda, acompañada. Cuando expiro me siento grandiosa, enorme, indestructible, eterna, parte del infinito.
Reflexiones después de dos años de meditación.

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