Jacomet comienza sus ensayos con una reflexión acerca de la conversación. Diciendo "La acción de la vida ocurre entre jóvenes de 20 y 50 años que repasan un gastado libreto, y a mis años se presencia la obra. Desde la sala compruebo que en el tornadizo escenario pocos saben y aprenden, y al amparo de la opinión prosperan errores, abusos e infamias..." y luego continúa "para ver la luz es imperativo conocer las tinieblas...Creemos ver la verdad y olvidamos que el ojo humano tienen un punto ciego allí donde el nervio óptico se conecta con la retina....".
"El contraste entre eternidad y temporalidad reposa así en una idealización del presente (presunto depositario de contenidos estables) y en la negación del continuo flujo de sensaciones no visuales que es la vida. Burlados por lo manifiesto y esclavos de remembranzas adecuadas al presente, no describimos lo que vemos, sino su imagen interna, cultural y subjetiva".
"La dificultad está en pensarse uno mismo, no seguir la moda, ni querer dibujarse para los demás. Por otra parte la opinión pública es la peor, pues conviene a la mayoría."
"Incapaz de verdad, la gente navega por la vida con los ojos cerrados, y sólo se aproxima al abismo cuando enfrenta la muerte. Entonces cambia su escala de valores, lo que antes juzgo importante, cede ante la necesidad de devolver a la existencia su valor real, ajenos a vanas codicias y resentimientos".

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